Señor de los Afligidos, Cristo de la Sangre y Señor Resucitado

Señor de los Afligidos

El Señor de los Afligidos es una talla de vestir de autor anónimo de una altura de 1,63m, con constitución atlética que representa a Jesús con la cruz a cuestas, la cual sostiene con una sola mano sobre el hombro derecho (dato curioso pues todas las imágenes de su estilo la llevan en la izquierda excepto unos pocos entre los cuales está Nuestro Señor). Mantiene una actitud escorzada. Esta construido con madera de cedro y pino de Flandes a la manera del Barroco. Por su manera de hacer nos daría la fecha de construcción entre finales del s. XVII y principios del XVIII. Son muchas las teorías sobre la autoría de la imagen que según la tradición oral y por sus características podemos situarla entorno a la escuela sevillana. 

Han sido muchas las posibles atribuciones de la autoría de la imagen, pero hasta hoy no existe ningún dato fidedigno de las manos que esculpieron a Nuestro Señor. Está mas o menos claro que sigue patrones de la escuela sevillana-granadina pero no hay datos  Según las últimas investigaciones realizadas, la imagen del Señor presenta una serie de rasgos formales, técnicos y expresivos que permiten vincularlas de manera verosímil al escultor Blas Molner (1737–1812) o a su entorno inmediato de taller, dentro del contexto de la imaginería sevillana del último tercio del siglo XVIII. Teniendo en cuenta también que el poseedor de la imagen en un principio y el que parece que fuera el que encargó la misma, Don Esteban Romero de Terreros, vivió en la misma época que este afamado escultor. 

Desde el punto de vista morfológico, aunque la imagen del Señor sufrió desperfectos en los inicios de la Guerra Civil y fue retocado,  esta escultura muestra un tipo facial recurrente en la producción documentada de Molner: rostros ovalados, de volúmenes suaves y modelado académico, con transiciones poco abruptas entre planos. Destaca especialmente el tratamiento de los ojos, muy abiertos, de mirada elevada y marcada intensidad expresiva, con párpados superiores elevados y un acusado efecto vítreo, recurso frecuente en los cristos atribuidos con mayor fundamento al escultor.

La boca entreabierta, con labios carnosos y ausencia de gestualidad extrema, remite a un concepto de dolor contenido, alejado del patetismo barroco pleno y más cercano a los postulados del tardobarroco academicista, corriente en la que se inscribe Blas Molner, tras su formación en el ámbito académico sevillano. Este rasgo resulta especialmente significativo al compararlo con modelos anteriores de la escuela sevillana (Juan de Mesa, Pedro Roldán), donde la expresividad se articula mediante mayor tensión muscular y dramatismo facial.

El tratamiento de la barba, ordenada y relativamente simétrica, con mechones definidos pero controlados, refuerza igualmente esta adscripción. 

La expresión general, caracterizada por una combinación de humanización, serenidad trágica y contención emocional, constituye uno de los argumentos más sólidos para la atribución. Molner se distancia tanto del hieratismo clasicista como del dramatismo barroco extremo, optando por una formulación intermedia que busca la empatía devocional mediante un lenguaje equilibrado y académico.

No es simplemente un “Cristo doliente tipo”. Hay una mezcla muy molneriana de: súplica, cansancio y humanidad contenida. La mirada elevada no es mecánica, sino intencionada.  Los labios, la comisura de la boca y la nariz están muy bien resueltos. No se perciben “fórmulas repetidas” de taller. El modelado tiene continuidad, no cortes. Molner destaca precisamente cuando busca expresión sin exceso.